Condolasa Arroz

María de los Ángeles Lasa. Alter ego: Condolasa Arroz. Argentina, 27 años. Diplomada en Derechos Humanos, Lic. en Relaciones Internacionales y estudiante del Ph.D. in Social Sciences en la UNICAM School of Advanced Studies (Italia). Apasionada por la literatura, el cine, la música, los viajes, el mundo, el arte, la cultura, la seguridad y la política internacional. Ensayista y fotógrafa amateur. Fan de la tecnología y del mundo 2.0. Madre de Ruffo, hijo perruno. Más sobre mí (Castellano). More about me (English).
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Haber visto crecer a Buenos Aires, crecer y declinar.
Recordar el patio de tierra y la parra, el zaguán y el aljibe.
Haber heredado el inglés, haber interrogado el sajón.
Profesar el amor del alemán y la nostalgia del latín.
Haber conversado en Palermo con un viejo asesino.
Agradecer el ajedrez y el jazmín, los tigres y el hexámetro.
Leer a Macedonio Fernández con la voz que fue suya.
Conocer las ilustres incertidumbres que son la metafísica.
Haber honrado espadas y razonablemente querer la paz.
No ser codicioso de islas.
No haber salido de mi biblioteca.
Ser Alonso Quijano y no atreverme a ser don Quijote.
Haber enseñado lo que no sé a quienes sabrán más que yo.
Agradecer los dones de la luna y de Paul Verlaine.
Haber urdido algún endecasílabo.
Haber vuelto a contar antiguas historias.
Haber ordenado en el dialecto de nuestro tiempo las cinco o seis metáforas.
Haber eludido sobornos.
Ser ciudadano de Ginebra, de Montevideo, de Austin y (como todos los hombres) de Roma.
Ser devoto de Conrad.
Ser esa cosa que nadie puede definir: argentino.
Ser ciego.
Ninguna de esas cosas es rara y su conjunto me depara una fama que no acabo de comprender.

Jorge Luis Borges

La verdad se vuelve mentira cuando la formula el enemigo.
Recuerdos de la Guerra Civil Española, George Orwell

Circula el relato –probablemente apócrifo– de que Thomas Carlyle cenaba una vez con un hombre de negocios, que se cansó de la locuacidad de Carlyle y se dirigió a él para reprocharle: “¡Ideas, señor Carlyle, nada más que ideas!”. Carlyle replicó: “Hubo una vez un hombre llamado Rousseau que escribió un libro que no contenía nada más que ideas, pero la segunda edición del libro, fue encuadernada con la piel de los que se rieron de la primera”.

Dejar el terreno firme de la lengua materna. Despegarse de la zona de confort que garantiza la frecuentación de los compañeros de siempre y de los docentes que te palmean la espalda desde chiquito. Abandonar el refugio donde quizás tenés ganadas las batallas antes de empezar: el apellido siempre ayuda. Rebuscárselas para conseguir un lugar en un cupo mínimo a costa de competir con los estudiantes más ambiciosos y con ganas de esforzarse más. Exponerse a la posibilidad del rechazo. Extrañar el hogar paterno. Experimentar la humildad de ser nadie entre otros nadies de distintos países del mundo que están dispuestos a hacerse valer sin el peso de sus apellidos y a costa de sus propio talento y entusiasmo. Verse obligado a escuchar a otros bien diferentes y a testear las propias certezas confrontando con otras visiones. Reconocer la existencia de un afuera más allá del propio territorio nacional, un mundo donde el conocimiento se acelera. Conducir las pasiones ideológicas hacia la construcción de consensos con argumentos bien informados. Todo eso da un doctorado que se hace “afuera”. Pero como mínimo deja claro el respeto práctico, y no solamente teórico, por el camino educativo.

The Idiot’s Guide to Smart People: Politics (or The Story of my Life as Social Sciences Wannabe Scholar)

There’s a power struggle going on across Europe these days. A few cities are competing against each other to see who shall emerge as the great 21st century European metropolis. Will it be London? Paris? Berlin? Zurich? Maybe Brussels, center of the young union? They all strive to outdo one another culturally, architecturally, politically, fiscally. But Rome, it should be said, has not bothered to join the race for status. Rome doesn’t compete. Rome just watches all the fussing and striving, completely unfazed. I am inspired by the regal self-assurance of this city, so grounded and rounded, so amused and monumental, knowing she is held securely in the palm of history.
Eat, Pray, Love, Elizabeth Gilbert

De la Sota se entera de la inundación en Villa María

It’s time for Don Quijote!